La Caridad
Humberto Del Castillo Drago
Es la tercera virtud teologal, a través de la cual, cada ser humano es invitado a vivir al amor en cada uno de los momentos de su existencia (Pierce, 2010).
“Amarás al Señor tu Dios con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas; y al prójimo, como a ti mismo”. (Dt 6,5), el Señor Jesús, hace de la caridad el mandamiento nuevo, amando a los suyos “hasta el fin” (Jn 13, 1).
La persona humana ha sido creada para amar, tiene necesidad de amar y ser amado, en todo momento. El hombre no puede existir sin amor. Su vida carece de sentido sino se despliega, sino vive cotidianamente el amor, lo experimente y lo hace suyo (Del Castillo, 2021).
En afectividad y sexualidad en la vida cotidiana defino que el amor “es la tendencia a la comunión con el otro, buscando su bien, su felicidad y planificación personal” (Del Castillo, 2021, p. 43).
Existen distintos tipos o manifestaciones del amor; amistad, amor entre padres e hijos, la caridad o amor universal, el amor erótico, el amor a Dios y el amor a uno mismo.
La caridad o amor universal o al prójimo; es el amor y respeto por los demás, empezando por los más cercano o prójimos, entendiendo que todo ser humano es mi hermano, y que somos invitados a vivir el amor con los próximos. Este amor es universal y amigable (Del Castillo 2021).
El amor es el principal y primer mandamiento de la ley Dios, justamente porque creo al hombre para amar y ser amado. Es la vivencia del amor, la que hace que la persona humana que lo despliegue cotidianamente, planifique su vida y sea feliz. Encuentra su plenitud en la comunión con Dios, consigo mismo y con los demás, puesto que es un ser para el encuentro, la donación, comunicación, amor y entrega generosa.
Fernández (2016) dice:
“La persona que no sabe amar; que no quiere amar, se convierte además en un peligro para los otros. No quedan indiferente. Conocemos las consecuencias de la falta de amor; los efectos del pesimismo, de la indiferencia, del rencor, de la venganza. Por el contrario, la caridad nos salva, redime, eleva, purifica, da una visión más profunda de la realidad. Salva porque, al haber nacido para amar y para ser amados, todo el bien que deseamos se alcanza a través del amor que se da y del que se recibe” (p. 468)
La caridad es amor sobrenatural, es: Dios mismo, es el norte y meta de todas las virtudes, las teologales, las cardinales y las humanas, así como todas las desarrolladas en la Dirección de San Pedro.
Tokumura (2021) afirma que:
“Esta Caridad no es un “qué” sino un “Quien” pues se trata de Dios mismo que es Amor (1 Jn 4, 8), por esta Caridad nos insertamos en la Comunión Trinitaria, en Jesucristo, por la acción del Espíritu Santo que nos une al Padre. La Caridad es la cima a la que apuntan todas las demás virtudes y por tanto también a la plena conformación con el Señor Jesús. De esta forma podemos afirmar que todo el proceso de la Dirección de San Pedro como camino de fe, esperanza y Caridad es cristológico. El Señor Jesús es el modelo y la Gracia que nos va asemejando a Sí mismo en un proceso de amorización” (p. 174).
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